41 CAPÍTULO VI
Y ser responsable es saberse auténticamente libre, para bien y para
mal: apechugar con las consecuencias de lo que hemos hecho,
enmendar lo malo que pueda enmendarse y aprovechar al máximo
lo bueno. A diferencia del niño malcriado y cobarde, el responsable
siempre está dispuesto a responder de sus actos: « ¡Sí, he sido yo!
» El mundo que nos rodea, si te fijas, está lleno de ofrecimiento
para descargar al sujeto del peso de su responsabilidad. La culpa
de lo malo que sucede parece ser de las circunstancias, de la
sociedad en la que vivimos, del sistema capitalista, del carácter que
tengo (¡es que yo soy así), de que no me educaron bien (o me
mimaron demasiado), de los anuncios de la tele, de las tentaciones
que se ofrecen en los escaparates, de los ejemplos irresistibles y
perniciosos... Acabo de usar la palabra clave de estas
justificaciones: irresistible. Todos los que quieren dimitir de su
responsabilidad creen en lo irresistible.
Fernando Savater nos dice que para alcanzar la verdadera libertad, antes hemos de aprender a ser responsables. Si queremos ser libres, es preciso que sepamos cuidar de nosotros mismos y apechugar con las consecuencias cuando algo no sale tal como estaba planeado. Pero también hemos de aprovechar lo bueno y disfrutar de ello. Nos habla de nuestra visión del mundo que nos rodea como lugar para descargar la culpa y aún siendo conscientes de que nos pertenece, nosotros culpamos a la sociedad, al sistema capitalista, a nuestro carácter o educación, a las tentaciones y a lo irresistible que nos hace dimitir de la responsabilidad.
En mi opinión, somos libres desde que nacemos pero al paso que vamos creciendo, adquirimos responsabilidades y estas han de ser cumplidas. Sin ellas no llegaremos jamás a la libertad absoluta porque dependemos siempre de nuestras actuaciones en cada paso que damos y si no somos capaces de valernos por si solos, no nos merecemos ser libres.